sábado, 7 de septiembre de 2013

Al son del arpa



Llegaré entonces al altar de Dios,
del Dios de mi alegria y mi deleite,
y allí, oh Dios, mi Dios,
te alabaré al son del arpa.
Salmo 43: 4


El salmista nos describe un momento de gran intimidad y adoración a Dios. Con alegría, espontaneidad y mucho fervor porque exclama Oh Dios, mi Dios.
Un momento tan especial como este, es acompañado por un instrumento que, segun se dice, estaba dedicado sólo a la adoración de Dios. Asi que todo es especial: un ánimo preparado, un tiempo dedicado, un lugar especial y un instrumento preciso para adorar al Dios único y personal, mi Dios, el Dios de mi alegría y mi deleite.

Cuenta una leyenda que en un reino olvidado, en el palacio del rey, se encontró un documento que decía que en el desván del palacio había un arpa misteriosa, que todos los que la escuchaban entraban en éxtasis.
El rey consintió en preparar un concierto con los mejores músicos del reino. Sin embargo, no hubo músico alguno que lograra provocar el éxtasis esperado. Ante tal frustración y desengaño buscaron músicos internacionales, prepararon nuevos conciertos pero el resultado fue el mismo: desengaño y frustración.
Un día el administrador del palacio recibió la noticia de un ermitaño, que vivia en la montaña y que también tocaba el arpa. Con un decreto del rey, lo fueron a buscar y prepararon un nuevo concierto. Esta vez, toda la gente se vistió con sus mejores ropajes y concurrieron con una mezcla de curiosidad y expectativa. El ermitaño llegó muy tranquilo, sin alterar en modo alguno ni sus ropas ni su serenidad. Se detuvo un momento en silencio frente al arpa y luego, se dispuso a tocar.
En cuanto se escucharon las primeras notas de la dulce melodía que brotaba del arpa, toda la gente, sin distinción alguna, cayó en un profundo éxtasis.
El terminar el concierto la gente le preguntó al ermitaño cómo lo hizo, cuál era el secreto, ya que nadie antes habia conseguido algo similar. El ermitaño respondió con sencillez: -Sólo he dejado que suene.

Para alabar a Dios, sólo se necesita  sencillez y humildad, entrega y devoción, para dejar que suene la música del  corazón. 


Pintura: "Music" 
Antoine Auguste Ernest Hebert

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...