viernes, 20 de septiembre de 2013

Sanidad y salvación




Sáname, oh Señor, y seré sano;
sálvame, y seré salvo,
porque Tú eres mi alabanza.
Libro del profeta Jeremías 17: 14

El profeta Jeremías fue una persona sensible, un mensajero de Dios a su pueblo, en tiempos de crisis. Su mensaje es un llamado de amor. El pueblo había dejado atrás la adoración a Dios como único y verdadero Dios y había adoptado las costumbres y los hábitos religiosos de otros pueblos, cayendo en la idolatría y la inmoralidad.

En los versos que tenemos aquí hoy, sin duda está presente el profundo amor a Dios del profeta. Nos sorprende en esta súplica: sáname..., sálvame..., la afirmación Tú eres mi alabanza.
La súplica queda sujeta a su  santa voluntad y misericordia. Sin embargo Dios merece nuestra alabanza, aun sin recibir lo que le pedimos. Lo importante, en el presente, ahora, es que 
Tú, oh Señor, eres mi alabanza.

En el Salmo 6 encontrampos una oración muy parecida, pero la voz del salmista es casi un reclamo y un urgente ruego :
"sáname , Señor
porque mis huesos
se estremecen.
Mi alma también
está muy turbada..."

Con honestidad, en el tiempo del dolor o la enfermedad, cada minuto se hace un tiempo interminable y  nos gustaría que Dios actuara de inmediato. La salud del alma y del cuerpo van de la mano; son un bien precioso que Dios nos regala. Su gracia sanadora y salvadora provee con abundancia para nuestro bien.
Quizás todos deberiamos decir:
"Señor, ten misericordia de mí,
sana mi alma, porque 
contra ti he pecado"
Salmo 41: 4

Aun cuando Dios en su misericordia, escucha todas las súplicas, me quedo  con las palabras del profeta  Jeremías, y digo:
¡oh Señor, se muy bien que Tú me sanarás y me salvarás;
Tú eres mi alabanza!


Pintura: Thomas Eakins

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